NOSOTROS

Somos de San Francisco, Córdoba-Argentina. A fines de 2013 vendimos todas nuestras pertenencias y sacamos pasaje a Australia creyendo que obtendríamos la Working Holiday para trabajar por un año. El hecho de que no nos la otorgaran, nos llevó a descubrir nuevas formas de viajar y conocer otras culturas sin gastar tanta plata.  Estuvimos en el país de los canguros los 3 meses reglamentarios como turistas y volamos a Dinamarca donde sí nos otorgaron el permiso para trabajar por 9 meses.

Sustentamos nuestro viaje trabajando de cualquier cosa (limpiando casas, lavando platos, recolectando chauchas, etc.)  en los países en donde estamos, para poder continuar camino haciendo Wwofing y Couchsurfing. Creemos que la falta de presupuesto no es un impedimento si se tiene la voluntad para intentarlo todo y cumplir los sueños.
IIIssss


La historia de Uli:PicMonkey Collage


NUESTRO MAPA DE VIAJE

Empezamos 3 meses en Australia, luego nos fuimos a trabajar a Dinamarca por un año.

Nuestro mapa

Hagan click en la imagen para un recorrido virtual 😉

Cuando se nos terminó la visa Working Holiday de Dinamarca, empezamos un viaje en bicicleta que duró 7 meses, 11 países y más de 4mil kilómetros.

Recorrido en bici:

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El comienzo de VIAJEROS CRÓNICOS

Viajar te cambia

 Siempre me dijeron: “viajar te cambia”. De chica, vacacionaba seguido con mi familia, muchas veces por una quincena. Al volver, todos me decían que estaba cambiada, distinta, un poco distante tal vez. Tenía 15 años y ya me notaban distante; y eso que eran meros viajes familiares dónde uno se aloja en una casa o departamento agradable y se pasa el día en el río o en la playa jugando con la arena y las olas. Nada fuera de lo común.

Hay muchas cosas que a esa edad no entendía y que aún no entiendo, pero lo que verdaderamente no lograba descifrar era qué es lo que veían de distinto en mí. Quizás sí, haciendo memoria creo que me costaba volver al ritmo habitual de la ciudad. Me sentía como desencajada. Me costaba reconocer a las personas, los rostros, las miradas.

Pero eso sólo lo terminé de asimilar tiempo después de volver de mi último viaje. No fue un viaje cualquiera, fue “El” viaje. Que además de improvisado fue inesperado e ilógico. ¿Quién hubiera dicho que me sumaría a un grupo de cuatro personas de las cuales dos eran completamente desconocidas, sólo para conocer el glorioso Machu Picchu?
Era tres de enero. Siempre fui de memorizar las fechas claves pero de ese día no me voy a olvidar nunca.  Para huir de las típicas riñas familiares, acepté una invitación al campo de una conocida que, aunque nunca fuimos amigas, compartimos innumerables momentos cuando éramos chicas. Típica relación que tenés con las hijas de las amigas de tu mamá.  Y fui, medio tarde y en contra de mi voluntad, como para “salir de la rutina”.
Creo que no había pasado media hora de mi presencia en el campo, cuando me enteré de que Jenny (así se llama la hija de la amiga de mi mamá), se iba en dos semanas a Machu Picchu con su hermano, el primo y un amigo del primo al cual ni ella conocía. Así de caradura, y sólo porque me dijo que se iban el 14 de Enero (mi número preferido) le dije que me sumaba. Así de simple, sin invitación y sin vacilación. Me colé, literalmente. Pareció ser que fue justo a tiempo ya que una hora después Uli (el primo) pasaba a buscar la plata para comprar los pasaje de Córdoba a La Quiaca. Una par de llamadas telefónicas (previa reconciliación con mi mamá) y ya conseguí el permiso. Más que el permiso, la plata. Claro está que no era la primera vez que mis viejos escuchaban que quería hacer este viaje. De hecho hacía años que me quejaba por no tener con quien ir.
Y así fue como una chica a veces tímida, a veces antipática, desesperada por emprender su primer gran viaje, se sumó con un grupo en el cual había dos completos desconocidos. Lo más llamativo fue que no me importó.
Y, visto y considerando mi historia con los viajes, ¿cómo no iba a volver cambiada de éste si me hacía efecto un mero viaje a Brasil en familia?. Era lógico que pasar 15 días con un par de desconocidos, atravesar dos países distintos, cargar con una mochila de 50L, dormir cuatro horas por noche, no dormir, no bañarme, subir 4.000 metros  en cinco horas y enamorarme una noche de Cuzo ,iban a movilizarme. Me reinventé a mi misma en tan sólo quince días y a mi casa volvió una chica de flequillo ondulado, pelo reseco y cejas desprolijas. Todo eso en tan solo quince días!.
Noté la cara de desconcierto de mis amigas. “Tenés algo raro” me decían, “estás como distinta”. No sé si lo decían por mi sonrisa radiante,  por mis cejas desprolijas,  porque no estaba usando mis perlas o porque simplemente volví de novia. Sí, de novia. Sé que es difícil de creer que uno puede enamorarse de un completo desconocido en tan sólo quince días, o en cinco, o en menos… Pero así fue, y aparentemente a él le pasó lo mismo. Algunos dicen que fue la energía del Machu Picchu pero yo estoy segura que nos unió el deseo de viajar constantemente, de conocer, de perdernos por pequeñas callecitas en cualquier rincón del mundo; y lo más importante, el deseo de hacerlo juntos.  Al parecer los dos buscábamos algo que no sabíamos que era pero que encontramos en ese viaje fugaz e improvisado.
Y sí que me cambió. Después de ese cachetazo de vida que fue para mí ese viaje relámpago, volver a la gran ciudad y toparme con las dos carreras que me tenían encadenada a ella fue fuerte. Si bien no trabajaba, y sé que es un privilegio poder estar en condición de estudiante, estudiar periodismo por la mañana y letras por la tarde me tenía agotada. Me gustaba lo que hacía, pero después de un primer viaje como mochilera ¿quién puede volver a la rutina? ¿quién puede volver a confiscarse en las cuatro paredes de un departamento, caminar por las calles de una misma ciudad todo el tiempo y frecuentar los mismos rostros? Al menos yo no. Y por suerte Uli, mi novio, tampoco.
Sé que no necesito irme lejos para encontrarme a mí misma. De hecho creo que sólo necesite 1300 km para encontrarme y encontrarlo. Pero ahora que sé quién soy y qué es lo que quiero no veo las horas de poder ponerlo en marcha, y qué mejor si es con él.

(Escrito el 28 de agosto de 2012)

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