Mi primer artículo periodístico, en Australia

Revista mayo Narrabri_Página_01

Tener la oportunidad de escribir mi primer artículo como periodista profesional en una revista de Australia, es algo que no hubiese esperado nunca. Pero como la vida es así, te llena de sorpresas, hay días en los que todo puede pasar.

Este es el link de la versión digital de la revista Namoi Life de Narrabri, Australia.

Revista mayo Narrabri

Traducción al Español

Revista mayo Narrabri_Página_10La periodista argentina, recientemente graduada, Alina Genesio ha pasado los últimos dos meses en Narrabri. Su plan es recorrer el mundo y plasmar su percepción en fotografías y artículos con los que pretende llenar su sitio web viajeroscronicos.com mientras realiza trabajos ocasionales de todo tipo para sustentar su viaje. Ella ha escrito una historia sobre las diferencias entre nuestra ciudad y su país.
Cada vez que entro a una casa en este pequeño pero acogedor pueblo, me siento una niña de nuevo. Me quito los zapatos y recorro los pisos de alfombra en medias sabiendo que estoy haciendo lo que socialmente se espera, pero no puedo evitar sentir un poco de culpa. Pasé toda mi infancia escuchando los retos de mi mamá que me decía: “no estés descalza que vas a ensuciar las medias”, “ponete pantuflas que te vas a enfermar”. En Argentina, más precisamente en San Francisco provincia de Córdoba, la ciudad donde crecí, andar sin zapatos dentro y fuera de la casa es una acción exclusiva de niños traviesos, pero aquí, en Narrabri, parece ser una obligación moral.
Cinco meses atrás, para mí, Narrabrí no era más que un punto escrito con lapicera en el mapa de Australia que compré junto con la guía de Lonely Planet. Sabía que cruzar el océano y adentrarme en otro continente implicaba enfrentarme a cambios idiomáticos y culturales, pero nunca imaginé encontrar tantas diferencias en los pequeños detalles del día a día.
El 12 de marzo, mi novio y yo tomamos un vuelo que tardaría unas 18 horas en llegar a Australia. Hasta ese día, un café o mate acompañado de medialunas era lo ideal para el desayuno. Nada demasiado pesado ni que demande mucho tiempo. Cabe aclarar que el mate es una infusión de hojas de yerba mate que consumimos el 98% de los argentinos. Puede ser dulce o amargo y, en la mayoría de los casos, es para compartir.
Revista mayo Narrabri_Página_11Dos semanas después, nuestro desayuno fugaz fue remplazado por tostadas con palta, cereales y leche de arroz. En mi ciudad, en mi provincia, y no sabría decir si en toda Argentina, es imposible conseguir algún otro tipo de leche que no sea vacuna en el supermercado. Si querés leche de quinoa, de arroz o de almendras tenés que hacértela vos mismo. Como vegetariana con tendencia al veganismo, disfruto cada visita al supermercado con tantas opciones que no contengan alimentos de origen animal.
Otro momento gracioso del día es la hora de la cena. Acá las 19:30 parece ser la hora ideal para un plato Tai, chino, pastas o cualquier alimento congelado que no demande mucho tiempo de cocción. En mi ciudad, a esa hora, la gente está saliendo del trabajo por lo que, normalmente, se cena a las 22:30 y se va a la cama cerca de las 23:30. En realidad, no es que trabajemos más horas, sino que éstas están distribuidas de otra manera a lo largo del día. Salvo en las grandes ciudades, los argentinos disfrutamos de la siesta: un descanso de 3 horas entre las 12:00 y las 15:00 destinado a almorzar y dormir un poco. En provincias como Santiago del Estero, las siestas suelen extenderse un poco más.
Horarios diferentes, siesta o no siesta, lo cierto es que en cualquier lugar del mundo la gente nunca tiene tiempo y vive acelerada. Pero parece ser que en Argentina nos tomamos el tiempo, al menos una vez al día, para cocinar. El plato más famoso por ser el más rápido es la tarta de choclo, espinaca, jamón y queso o atún. Esto puede intercalarse con milanesas (bife rebozado en huevo y pan rallado que puede cocinarse frito o al horno) con puré, ensalada de lechuga y tomate o papas fritas.
Pero la comida y los horarios no son los únicos puntos en los que difiere mi ciudad de Narrabri. Aquí los conductores respetan las señales de tránsito y, por supuesto, al peatón. En mi país, cruzar la calle sin mirar al menos cuatro veces sería un acto suicida. Vengo de una cultura en la que se cree que las reglas están hechas para romperlas, literalmente.
Me queda un mes en Nrrabri y dos en Australia antes de que continúe mi viaje por el resto del mundo. Mi único objetivo es seguir encontrando esos pequeños detalles que hacen de Narrabri un lugar hospitalario, cálido y familiar ante los ojos de una argentina.

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Categorías: Reflexiones en viaje

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